Máquina de Espuma | Fer Figheras

Esta exposición tiene como objetivos fundamentales:

• Acentuar la intersección entre el arte contemporáneo y las comunidades que le dan sentido.

•Reconocer una producción fotográfica contemporánea que se desarrolla en República Dominicana. Su necesidad, en un contexto como el actual dominicano, radica en el hecho de difundir la fotografía como acto de producción artística contemporánea, valorizando el discurso (enfrentando una crisis discursiva que aqueja esta manifestación en estos momentos) sin dejar de lado el privilegio por hecho fotográfico como tal.

Propuesta curatorial

La fotografía como objeto, sujeto y evento está en un momento transicional. Este momento está caracterizado por una “democratización” del medio tan amplia que lo condena a su aparente desaparición. Esta paradoja de invisibilidad en la fotografía “es el punto álgido de la ironía ya que está supuesta a transmitir la visión en su mayor inmediatez sobreponiéndose a grandes distancias potenciales.”1 Por esta misma paradoja, y otras que se derivan de la propia amplitud de sus “performers” la fotografía que mayor peso tiene en estos momentos es aquella que se hace y se construye desde narrativas muy individuales, muy personales… desde las micro-historias. De ahí que decidieramos abordar curatorialmente la producción fotográfica de Fer Figheras desde la perspectiva del desplazamiento, del trasiego y el movimiento.

Figheras retrata una realidad íntima y hasta doméstica caracterizada por el movimiento y el cambio, el trasiego de elementos, energía y valores (morales y emocionales) y por consiguiente de la deriva de la imaginación.

A través de un conjunto de imágenes que seleccionamos, Figheras acentúa la intersección entre el arte contemporáneo y las comunidades que le dan sentido, entre las identidades personales y el detritus, la historia personal y los rastros de las múltiples vidas de un ser nómada usando estas imágenes como reliquias de su propio pasado reciente.

Fer se ubica en un contexto geopolítico, demográfico, y cultural completamente diferente al que pertenece y desde ahí teje esa red del discurso nómada. Al imaginarnos al nómada como figura, como una entidad conceptual, a través de la cual es posible reconocernos, definimos entonces un itinerario discursivo de la exposición.

La exposición está estructurada en tres ámbitos fundamentales mar, ruta y arena* (esos títulos serán modificados) que a la vez funcionan como la intersección primera del fotógrafo con su entorno. Figheras es un fotógrafo de detalles, de espacios imperceptibles y a veces hasta invisibles. Su obra anterior, -la argentina-, es en momentos muy lúcidos, un compendio de la intimidad. Al llegar a República Dominicana, su mirada se distancia por un tiempo, como el propio lente que busca el enfoque perfecto. Al encontrar esos espacios fragmentados su mirada hace una pausa y compendia entonces esos recortes para organizarnos un archivo muy personal del movimiento, el cambio y las mutaciones.

Eadweard Muybridge y sus experimentos en la cronofotografía, fundamentalmente su experimento más conocido: Animal locomotion (1887), un caballo de carreras galopando, aunque designó el momento inicial al servir de base para el posterior descubrimiento del cinematógrafo, propone una visualidad –vista desde hoy y ahora- en la que la importancia radica en el movimiento del animal (o del método de transporte, para adecuarlo a nuestros propósitos); una mirada diferida le resta importancia al método de locomoción y se concentra en el telón de fondo de ese movimiento.

De ahí que es ese escenario, que se mueve, mientras nosotros nos mantenemos en el sitio, lo que nos dirige a una referencia fundamental del trabajo de Figheras: la movilidad y nosotros como espectadores de ese tránsito. Tal parece que los paisajes de la ruta, tan privilegiados por otros fotógrafos, se convierten en una excusa casi fantasmagórica que atestiguan el cambio. Telones de fondo que corren en rieles de cortina mientras nos sentamos a observar su vertiginoso paso. Lo mismo con el mar… pero ese si se mueve y modifica a su antojo.

El conjunto de fotografías que recogen obsesivamente las variaciones y movimientos de las olas y corrientes marinas muestran una manera sui generis de enfrentarse a esta isla. Llegando a República Dominicana Figheras se asocia a esa “cultura de meta-archipiélago: un caos que retorna, un detour sin propósito, un continuo fluir de paradojas; es una máquina feed-back de procesos asimétricos, como es el mar, el viento y las nubes, la Vía Láctea, la novela uncanny, la cadena biológica, la música malaya, el teorema de Godel y la matemática fractal”.

Es, también, la suya una mirada de arqueólogo. La arqueología como disciplina científica que estudia las sociedades y sus cambios a través de restos materiales distribuidos en el espacio y contenidos en el tiempo, sirve de modus operandi para el reconocimiento de los residuos o de lo oculto, es decir, aquellas cosas “no suficientemente iluminadas por fuentes escritas”. Todo este trabajo está geográficamente determinado por la isla, en particular los tránsitos y estadías en Miches. Sin embargo, van mucho más allá, revelan esas intersecciones entre la producción cultural contemporánea y las comunidades donde se insertan y desde donde provienen (nada de esto fuera posible de esta manera sin que el autor se viera impelido a viajar a Miches). La determinación por lo mismo, es más que geográfica, es más bien un determinismo emocional establecido por la manera de ver las cosas de su autor y su actitud ante la vida.

Recent Posts