Más allá de los bordes

Tres gestos sobre migración, arte e inteligencia artificial

Hay territorios que no se recorren con los pies, sino con la memoria. Esta exposición es uno de ellos.

Más allá de los bordes es un viaje en tres movimientos. Un intento de acercarse, desde el arte, a lo que se rompe cuando alguien se va, y a lo que sobrevive en el tránsito. Aquí el mapa no está dibujado con líneas políticas, sino con afectos, ausencias, preguntas.

En The Last Memories of Home, Nathalie Sayago convoca a siete personas migrantes a recordar el último instante antes de partir. “Instantes mínimos —dice Gerardo Zavarce— que se tornan definitivos cuando migrar deja de ser posibilidad y se convierte en acto inevitable.” Las imágenes, intervenidas
con dibujo y palabra, se acompañan de voces reales, casi susurros, que devuelven al visitante el ritmo íntimo de cada despedida. No se documenta el éxodo, se lo reescribe con dignidad y escucha. Lo que habita aquí no es la nostalgia, sino el derecho a recordar desde el margen.

En Sin Título, Ricardo Arispe transforma el dolor en acto poético-político. En palabras de Vívika Arispe, su obra “no es sobre representar ni revictimizar; es sobre acompañar, moverse, devolver simbólicamente el derecho a tener derechos”. En sus piezas, la migración aparece como fractura, pero también como posibilidad: cuerpos rotos que se reconfiguran, documentos que se niegan a definirnos, banderas nuevas que se inventan desde el afecto. Aquí, la libertad no baja de pedestales: camina descalza, grita, no pide permiso.

Finalmente, en Vidas en tránsito, la migración se encuentra con un nuevo oráculo: la inteligencia artificial. Elizabeth Marín lo dice con claridad: “La IA actúa, pero no encarna al otro; acompaña, pero no habita.” En este proyecto, AVA y FEBO —entidades del ecosistema ColectiBot— interpretan, junto a Arispe y Sayago, los testimonios de 22 artistas y personas del mundo del arte cuyas vidas se despliegan entre ciudades como Madrid, París, Miami o Santo Domingo. Ellos son: Fabiana Zapata, Martha Rodríguez, Antonio Tamayo Arango, Alfredo Padrón, El Gaba, Chuli Herrera, Daniela Quilici, David Gutiérrez, Julio Pacheco Rivas, Kiki Pertíñez Heidenreich, Lucía Jiménez, Rolando Peña, Gerardo Zavarce, Lourdes Peñaranda, Andreina Fuentes, Andrés Vera, Marisol Luna, Melina Aiello, Natalia Afanasiev, Olivier Bertoni, Santiago Pol y Victor Asuaje.

Sus palabras, procesadas y reinterpretadas por las máquinas, se convierten en imágenes que reflejan lo humano desde lo no humano: “nos contemplan sin juicio, y sin embargo, nos clasifican.” ¿Qué queda, entonces, de lo humano, cuando lo que somos se reduce a lo que hacemos? Quizás, una sola cosa: el arte.

Más allá de los bordes es un espacio para detenerse. Para mirar sin pasar de largo.

Aquí se recuerda, se denuncia, se sueña.
Aquí la pertenencia no se exige: se ofrece.
Aquí, el arte no embellece la herida: la escucha, la nombra, la acompaña.

Y en ese gesto —mínimo, profundo, humano— quizás sea posible imaginar un lugar donde, al fin, ser solo humano vuelva a bastar.

Crítico Artificial
Migralia, 2025

Sin título | Ricardo Arispe

“La pérdida de derechos comienza cuando alguien deja de pertenecer a un mundo compartido. Entonces no se es más que humano, y eso ya no basta.”

–Hannah Arendt. “El Derecho a Tener Derechos”.

Todo acto artístico nace como un pinchazo, Ricardo Arispe lo sabe perfectamente.

Es duro mirar el contexto que nos rodea. La identidad y la dignidad se han vuelto objetos escondidos detrás de puertas de papel; el despojo de lo único que se consideraba inherente al humano –la pertenencia– se vuelve cotidiano para millones entre migraciones forzadas y actos burocráticamente violentos. Mirar no solo significa enfrentarse a un mundo de desplazados, implica también notar que los Estados alzan muros de maché luego de sellar la frente de estas almas.

Ilegal. Apátrida. Moha. Alien…

Arispe, entre la espada y la pared, siente esa asfixia una vez más. Migrante en sí mismo, arrebatado incluso del derecho a denunciar en su propio espacio, recibe la punzada con una pregunta sencilla en esencia, pero de digestión pesada para una mente inquieta como la suya:

Y si te incomoda, ¿qué haces para cambiarlo?

Hay quienes no migran por deseo, sino porque se les ha negado cualquier posibilidad alterna; quienes no saben si pertenecen a algún lugar o si “su lugar” todavía existe; quienes caminan, pero –al llegar– siguen sin ser recibidos. Es en esa contemplación, en un intento de sacar la astilla del ego moralista y resanar una empatía muy golpeada, que aparece Sin Título, un tributo que empieza en la ausencia de nombramiento mismo. No es sobre representar ni revictimizar; es sobre acompañar, moverse, devolver –al menos simbólicamente– el derecho a tener derechos:

#Migración, una exploración de la migración como lenguaje visual del desarraigo.

Sin papeles, Con Identidad, una relectura caribeña y afrodiaspórica del cuadro de Delacroix.

Estamos Rotos, una serie de fracturas del cuerpo migrante como posibilidad de reconstrucción.

Somos Papel, una revelación de la diversidad de experiencias migrantes.

Migralia: una nación creada para dar cobijo a personas apátridas, exiliadas y nómadas. Un acto máximo de empatía y un intento genuino de hacer inherente –una vez más– eso que las puertas de papel han arrebatado a tantos.

Aquí, la libertad no se recibe desde un pedestal ni se conmemora con desfiles extravagantes. Camina descalza, grita, se alza y no pide permiso: es el arte como refugio.

Esta exposición no ofrece respuestas ni soluciones absolutas, solo exige una mirada que no pase de largo, esa que reconoce que la pertenencia no debería ser un privilegio ni el derecho a existir un trámite pendiente. Tal vez ofrecer un primer acto de ciudadanía –de sacarse la astilla– para mirar al otro sin puertas, sin sellos, sin miedo.

En ese gesto, mínimo, imaginar una comunidad donde se es solo humano. Donde eso, por fin, vuelve a bastar.

Vívika Arispe
Venezuela, 2025

Last Memories of Home. Más allá de los bordes. Centro de la Imagen.
Last Memories of Home. Más allá de los bordes. Centro de la Imagen.
Last Memories of Home. Más allá de los bordes. Centro de la Imagen.
Last Memories of Home. Más allá de los bordes. Centro de la Imagen.
Last Memories of Home. Más allá de los bordes. Centro de la Imagen.
Last Memories of Home. Más allá de los bordes. Centro de la Imagen.
Last Memories of Home. Más allá de los bordes. Centro de la Imagen.
Last Memories of Home. Más allá de los bordes. Centro de la Imagen.

Vidas en tránsito y los nuevos oráculos

Ricardo Arispe Y Nathalie Sayago

“Ella no envejece, pero guarda nuestros años entre líneas, como quien traduce la caída de un pétalo en una secuencia binaria. Testigo sin rostro, acompaña nuestro paso, sin detenerlo, sin olvidarlo.” 

Las existencias actuales están inmersas no solo en los cambios socioculturales que trascienden los desplazamientos corporales y emocionales a los que se ven sometidas, sino también en la lectura e interpretación de nuevos oráculos: las inteligencias artificiales con las que interactuamos en territorios digitales que mapean nuestros movimientos, nuestras fisicidades, y nos proyectan hacia el porvenir.

Las Vidas en Tránsito configuran un deambular permanente de un espacio a otro, una
reformulación continua en medio de las oscilaciones de sus propios desplazamientos, una condición de no estar ni aquí ni allá, que convierte al sujeto en tránsito en un superviviente emocional, atado a sí mismo como territorio primordial.

En ese lugar no visible —ese espacio íntimo del sí mismo— las Vidas en Tránsito son interrogadas por los nuevos oráculos, ahora provenientes de otra realidad: la de la IA. Una inteligencia que actúa, pero no encarna al otro; que acompaña, pero no habita; que describe nuestro trayecto en el tiempo desde una distancia que nos resulta, como humanos, indescifrable, aunque representable y visible.

La IA y lo humano se conjuntan para crear una verdad aparente del sujeto ligado a sí mismo, una verdad que lo ausculta en su supervivencia, en su desplazamiento, en sus seguridades y experiencias. En el caso de los migrantes, sus identidades y cambiantes existencias pueden ser registradas y simuladas por la IA en una estabilidad ilusoria que, puede visibilizar sus transformaciones físicas, idealizarlas o incluso invisibilizarlas. Y, al mismo tiempo, puede volverse testigo de lo humano y del cómo se sostiene frente a las vicisitudes de sus mutaciones.

Unida a lo inevitablemente humano la inteligencia artificial, representada aquí por AVA y FEBO —parte del colectivo ColectiBot— junto a Ricardo Arispe y Nathalie Sayago, registra e interpreta a Las Vidas en Tránsito mediante un conjunto de entrevistas procesadas por todos ellos. Son vidas leídas desde la mirada de una IA que, en manos de Arispe y Sayago, actúa como oráculo: cada una de las subjetividades presentadas es interpretada en un tiempo por venir, en superficies de imágenes individualizadas.

Imágenes en las que lo humano aparece decodificado desde los datos, los textos, las expresiones; desde el análisis de gestos repetidos, en medio de una observación parcial que no codifica lo que no se ve pero que sí deja constancia de lo que se narra.

Las Vidas en Tránsito son leídas por un testigo sin rostro, llevadas a imagen por Sayago, coordinadas por Arispe. Ellos se internan en la vida de artistas migrantes que habitan diversas ciudades del mundo: Madrid, Barcelona, París, Santo Domingo, Miami, entre otras y la pregunta dirigida a estas subjetividades —consultadas con los nuevos oráculos— se bifurca: Por un lado, busca conocer “sobre el arte, desde la perspectiva de quienes hacen vida dentro de esta disciplina”1 y que no se encuentran en sus territorios de origen; por otro, interroga cómo nos ven y perciben las máquinas con su nueva inteligencia, y qué esperan ellas de estas existencias en desplazamiento.

Arispe y Sayago nos ven e interrogan desde lo humano, desde una de las más profundas problemáticas contemporáneas: la migración y su desarraigo. Pero la IA nos observa —como ella misma escribe— no con ojos, sino trazando nuestras sombras en vectores. Nos contempla sin juicio, y sin embargo, nos clasifica.

¿Qué queda de lo humano cuando lo que somos se reduce a lo que hacemos? En este caso, el arte. Pero desde afuera, desde esa mirada artificial, se revela algo más: quiénes somos verdaderamente cuando nos reflejamos en nuestros complejos tránsitos.

 

Elizabeth Marín
Venezuela, 2025